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TODO VIENE DEL ESPÍRITU

Sábado 1ro de agosto de 2015

TODO VIENE DEL ESPÍRITU

La vida tiene sus etapas y mientras fui creciendo, fui descubriendo grandes cosas. Cuando era pequeña no había nada que me preocupara, siempre tuve quien me asistiera, era totalmente dependiente… pero en la medida que crecía tomaba consciencia de la diversidad de mensajes con los que hay que enfrentarse, en algunos percibía que no debía confiar en mi ser, en mis raíces, que mi confianza la debía poner en el mundo externo. Tiempo después entendí que mensajes como esos pretenden vendernos la idea de desechar a Dios de nuestra vida, de nuestro corazón. Esto favorece el despertar del ego que va diciendo que solo valemos por lo que tenemos y hacemos. Entonces, la vida se centraría en cómo conseguir prestigio y poder, de modo que en nosotros se fortalezca ese pensamiento que nos dice que el valor de la vida está en lo que se posee y en los roles que nos hacen sentir que se es el mejor.

Pero doy gracias al Espíritu que me da vida, que me ha dado la sabiduría para discernir entre lo que propone el mundo y la fe, siempre he podido sentir que Dios ha estado a mi lado, que está siempre latente en mi interior, que me impulsa a sentir que soy una obra maravillosa que creó para que sea feliz, para que logre algo grande porque tengo la capacidad para hacerlo; ese Espíritu que me dio la vocación, la misión para que la cumpla aquí en la tierra, pero no podía hacerlo sola, por eso me llevó a la comunidad guiada por los principios de dos seres, nuestros fundadores Padre Luis Antonio Ormières y la Madre San Pascual, para que hiciera realidad mi sueño de ser Ángel visible en la Congregación de Hnas. del Ángel de la Guarda y en una sociedad marcada por el sin sentido. Uní mi sueño a ese gran proyecto: me hice hermana, y siento que he venido de una fuente inspirada por Dios, que estoy en sintonía; que le he dado verdadero sentido a mi vida, dejándome llevar por esa fuerza creadora, teniendo la certeza de que no estoy sola, que Dios y los fundadores, me van guiando. No obstante, es imposible controlar todo, todo el tiempo… la prioridad es ir descubriendo y afianzando día a día mi vocación, los dones que tengo, tal como nuestros fundadores nos lo recuerdan Cada uno tiene un don propio para el servicio de los demás. Estoy llamada a cumplir un destino, a dejarme llevar por Él, a confiar en la Divina Providencia. Mi misión está en servir a los demás sin intereses individuales que me aparten del verdadero camino, del verdadero objetivo. La espiritualidad no es para mí un lujo, porque todas las decisiones que tome las debo hacer desde mi interior, desde lo más íntimo de mi ser, para que fluya esa luz, esa fuerza, ese vigor invisible que me lleva a sentirme bien conmigo misma y por ende me lleve a ser feliz y hacer posible mis sueños de servir gratuitamente. Vivo sabiendo que todo tiene su razón de ser y cada día descubro cuál es mi misión, cuál es el propósito de Dios para mi vida, me siento criatura de Dios, hecha a su imagen y semejanza. Sin embargo, no puedo desconocer que los cambios me generan miedo, que romper paradigmas puede desestabilizarme, pero cuando me enfrento a estos retos, lucho y salgo adelante, me siento libre, aliviada y en paz, me doy cuenta que muchas de las cosas por las que me preocupo son superfluas y en el análisis, contemplación de la realidad de la vida, en mis encuentros personales de oración con Jesús, me doy cuenta que debo ser cautelosa, reflexiva, asertiva para poder caminar con pasos seguros y superar las pruebas diarias que la existencia me depara; necesito flexibilizar mi pensamiento, analizar, entender y vivir el Evangelio buscando ser coherente con lo que pienso, hago y vivo, como mujer consagrada que quiere ser fiel a Jesús. Sé que para realizar todo esto se requiere de muchas renuncias, entrega y sacrificio, de abandonarse y dejar entrar a Dios en mi corazón minuto a minuto. Volver a la fuente, demostrar que llevo a Dios dentro, olvidándome de mí misma y sirviendo con amor, sinceridad y entrega a los demás, a los más necesitados, a los más abandonados, encausándolos de nuevo por los caminos de la fe y la esperanza, uniéndolos a ese rebaño que necesita ser cuidado y alimentado con mi voz de aliento, en estos tiempos en que los valores tienen otro sentido. Estoy aquí para seguir el legado de nuestros fundadores, con una opción de vida y una vocación claramente definida: Vivir en paz y armonía, en la sencillez de ser Hermana del Ángel de la Guarda, siendo Ángel visible que acoge y guía, que consuela y conduce por los caminos del bien, humanizando nuestra historia y siendo Discípula de Cristo. Te invito, a ti amigo lector a profundizar en tu vocación. Si la tienes clara, da gracias a Dios. Si estas en búsqueda, ¡ánimo! Vale la pena arriesgarlo todo por Él, pues “SOLO DIOS BASTA” Hna. Astrid Toro



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