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TODO TIENE UN COMIENZO

Domingo 31 de mayo de 2015

Mi nombre es Mª Eugenia. Me llaman Eñi. Tengo 44 años, vivo en Madrid, en una comunidad de cuatro Hermanas en el barrio El Pozo, donde, además de otras tareas pastorales, trabajo con menores en riesgo de exclusión social, con la Fundación Amoverse. Soy extremeña y antigua alumna del Colegio Santo Ángel de Don Benito. En mis diez años de colegio, aprendí a ser parte de esta familia Santo Ángel, creando vínculos de cariño con buenas amigas y con diferentes Hermanas que fueron mis profesoras. Durante mi juventud, bebí de la fuente de la pastoral de los claretianos en mi pueblo, de las actividades pastorales de la diócesis y de la pastoral juvenil del Santo Ángel. Descubrí, en esos primeros años, que me gustaba la persona de Jesús, a quien siempre vi como libre y valiente. En mis años de universidad, fui miembro de los grupos Santo Ángel, donde diferentes Hermanas nos iban acompañando. Teníamos actividades también con los jesuitas de Badajoz. Cinco años donde cada domingo nos reuníamos para hablar, reflexionar, orar, compartir nuestra fe… años de hacer vida y compromiso la fe. Tuve mis primeras experiencias en voluntariado social… de ellas dos fueron especialmente significativas para mí: Una fue el contacto con Basida (Atención a personas con Sida), donde experimenté tocar el sufrimiento y la muerte de personas excluidas… y a la vez la fuerza de una comunidad de jóvenes que les acompañaba en este lugar y que habían hecho una opción de vida por este proyecto. La segunda experiencia fue vivir nueve meses, voluntaria con las Hermanas del Ángel de la Guarda en Guinea Ecuatorial (África)… Salí de mi tierra, y me encontré con un mundo desconocido para mí, donde la bondad humana se hacía visible en medio de situaciones de pobreza difíciles… Allí Dios me hizo un guiño, y me llamó… pero yo un poco asustada, y otro poco cabezota, le dije No. Ciertamente, siempre me había gustado lo que vi en las Hermanas, a las que conocía desde niña, pero no me había planteado que esa vida fuera para mí.

Volví de África, y decidí estudiar algo más social. Fui un año a Salamanca, donde mientras yo huía del Señor, Él se me iba haciendo el encontradizo. Conocí a unos religiosos jóvenes en el voluntariado de prisiones de Cáritas, y una comunidad de los grupos Adsis, con quienes sin darme cuenta, iba volviendo a dar espacio al discernimiento. Ese año, se celebraba en Albacete un año juvenil, en la Semana Santa, y me invitaron a compartir mi testimonio de voluntariado en Guinea. Acepté la invitación, y reelaborando mi experiencia, para preparar mis palabras… reviví muchas experiencias que habían movido mi corazón… Sentí añoranza de aquella Agua… y al regresar de Albacete, algo en mi había cambiado Tenía Sed Muchas preguntas volvieron a mi… y quedé inquieta.. Reconecté con mi acompañante y la invitación de intentar ser Hermana volvía a mí… Tomé la decisión de aparcar mis resistencias, y me arriesgué a Confiar… Desde ese momento, hasta hoy, sigo siendo Hermana del Ángel de la Guarda. Conforme pasa el tiempo, sé que Él viene conmigo, y yo quiero ir con Él, aprendiendo a ser discípula… como una de tantos… hacia donde Él me va llevando. Mª EUGENIA GÓMEZ



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