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Ser Hermana del Ángel de la Guarda es uno de los mejores regalos de Dios para mi vida.

Lunes 14 de diciembre de 2015

Soy angelina desde los 6 años, donde Dios, que tiene muy claro lo que desea con cada ser humano y que en algún momento yo leía como cosas del destino, nos llevaron a quedarnos en Cúcuta cuando el pensado eran unas simples vacaciones. Hoy no dejo de agradecerle a Dios por el acierto que dio a mi Mami cuando escogió el Colegio Santo Ángel de Cúcuta para la educación mía y de mis hermanas. Así que con mucho orgullo diré una vez más que fui angelina desde las entrañas. Y aunque el destino pretendía alejarme de esa casa, Dios sabía que allí estaba mi lugar y ordenó todas las circunstancias para que allí permaneciera. En medio de sus aulas descubrí que debía construir un proyecto de vida y que no podía improvisar mi existencia. Iría percibiendo que Dios estaba llamando a mi puerta aunque yo no lo sabía con claridad, pero Él pondría a mi lado un ángel para ayudarme a descubrir que Dios tenía planes para mi vida y que todo dependía de mi respuesta. Ser Hermana del Ángel de la Guarda, es uno de los mejores regalos de Dios para mi vida, como en varios momentos lo he expresado, no hubiera podido ser religiosa de ninguna otra congregación. Y si la vida me regalara volver a nacer, sin dudarlo volvería hacerme religiosa del Santo Ángel. Amo mi familia Congregacional, tengo claro que no somos las mejores, pero nuestro estilo y espíritu tiene la magia que solo la sencillez y la transparencia pueden aportar en medio de un mundo tan complicado. A las nuevas generaciones de hermanas mucho ánimo que están haciendo proceso para ser parte de una hermosa familia, lo que la hace más especial es que no nos da miedo ser muy humanas y eso es lo que más orgullosa siempre me ha hecho sentir. Hoy quiero aprovechar este espacio para darle gracias a cada una de las hermanas con quienes he compartico mi historia vocacional, por haberme permitido hacer parte de su vida y por las huellas que han dejado en la mía. Por los tiempos compartidos en trabajos y afanes de cada día, por la escucha, compañía, cariño y consejos. Porque a su lado me formé, fortalecí y consolidé como Hermana del Ángel de la Guarda, gracias a su ejemplo, consejos y corrección fraterna. Por los momentos de acierto o conflicto, porque en ambos, he ido creciendo. Por haberme permitido crecer en el afecto haciendo parte de mi lista de personas especiales. Gracias por aceptarme, valorarme y quererme tal cual y como soy, con mis virtudes y defectos. Pero sobre todo gracias por enseñarme lo que significa la palabra hermana, que no es un simple formalismo de trato, porque ustedes me han enseñado a comprenderlo y a vivirlo desde dentro. Dios las bendiga y de su mano sigamos animando el corazón de otras que lleguen a tener la gracia de compartir la vida fraterna. Como no agradecer a cada una de las comunidades de las cuales he hecho parte. En ellas siempre encontré el espacio para dar lo mejor de mí. Me he sentido siempre querida, valorada y apoyada en las misiones realizadas. La vida comunitaria ha dejado en mi huella de fraternidad y cariño. Todas me dieron la posibilidad de trabajar por construir la comunidad día a día. Siempre encontré retos e ideales que construir y siempre sentí que entre todas los íbamos forjando. No somos un grupo de seres perfectos viviendo juntas, pero si vamos siendo hermanas que entre aciertos y desaciertos muy humanos construimos la vida y soñábamos el Reino. Siempre he encontrado en la comunidad un verdadero espacio para fortalecerme espiritualmente y emocionalmente. Gracias porque cada comunidad ha dejado una fortaleza en mi vida religiosa y en mi apostolado. Y en mi corazón huellas de Dios que son las mismas huellas de amor cuando se van dejando pedacitos de corazón en las personas y lugares donde has compartido la vida. Gracias querida Congregación por toda la vida compartida y entregada hasta el día de hoy. Porque como una madre siempre la he percibido generosa dando lo mejor para cada una de sus hijas. La Congregación me ofrece todo lo que he necesitado para construirme como mujer, persona y consagrada. Nunca sentí que me hizo falta absolutamente nada para vivir con dignidad servir a Dios y a los hermanos y hermanas. Que tus alas sigan fuertes por el mundo como ángeles mostrando el rostro de Dios a los más pequeños. Que no te canses de llevar buenas noticias a los afligidos, ni de cubrir con tus alas a los marginados. Como diría una hermana nuestra, somos la congregación más bella, porque somos la más sencilla. Hna. Tatiana Sarmiento Mayorga- Cúcuta – Colombia



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