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Los caminos de Dios son insonsables

Domingo 24 de mayo de 2015

“Señor, mi Roca y mi Redentor, que todo lo que dice mi boca y el murmullo de mi corazón sean agradables ante ti" Salmo 19 (18), 15

¡Hola! Me llamo Yubisay, vivo en Venezuela, soy la séptima de diez hermanos, hija de Lesbia y Ramiro. Doy gracias a Dios por el gran regalo de mi bella familia, como verán somos muy numerosos, tengo más sobrinos que edad, los amo. Mi familia es humilde pero rica en bendiciones, somos muy unidos.

Ciertamente que los caminos de Dios son insondables y él se mete por cualquier rendija, creo firmemente que Dios nos elige desde el seno materno, aunque a veces no somos conscientes de eso. Lo digo porque mi mamá pasó todo el 18 de marzo en el hospital y yo nada que quería salir, no fue fácil para mi mamá. Llegó el 19 día de San José y mi mamá se aferró a la oración, dice que en la habitación había un crucifijo y ella le dijo que la ayudara, que salvara a su niña, que ella se comprometía a hacerla una buena cristiana. Como verán, Dios se toma las cosas muy en serio…

Al pasar el tiempo, mi familia se mudó cerca de la escuela donde trabajaban las Hermanas del Ángel de la Guarda, sí creo que la Divina Providencia nos llevó hasta allí; una de mis hermanas trabajaba allí como maestra, actualmente es la coordinadora pedagógica, y un día me invitó al grupo juvenil, yo fui sin mucha convicción, por el contrario me parecía algo aburrido estar con las monjas (sin saber en realidad cómo eran). Resulta que Dios poco a poco me fue robando el corazón, allí teníamos una misión en el barrio: animar las misas, preparar las fiestas del barrio, dar catequesis, etc. pero fue en la Confirmación donde me topé de verdad con él y desde entonces no me ha soltado más, ni yo lo quiero soltar.

Fue muy especial descubrirlo cerca, a mi lado, en la gente; con la catequista que era la Hna. María Maza, visitamos ancianos, fuimos a hospitales, cada encuentro era maravilloso, ella nos mostró a un Dios cercano, a un Padre bueno, amigo, que nos ofrecía un proyecto de vida, nos sensibilizó, nos preparó la tierra y luego Dios sembró. Entre mi mundo juvenil, mi familia, la vida del grupo y la catequesis, yo sentía un llamado a dar mi vida y seguir las huellas de Jesús, aunque no lo veía muy claro. Las hermanas fueron pieza clave para este hallazgo, su cercanía, sencillez, alegría y entrega, me animaban a dar ese paso tan importante en mi vida. De verdad que todas fueron mis ángeles visibles; Ginnette nos acompañaba en el grupo, María en la Catequesis, Natalia y Marisa en la iglesia; Marisa acompañaba a mi mamá en la comunidad cristiana, a ella le agradezco esa labor de iluminar mi casa con su cariño y testimonio, ella ayudó a mis padres en el proceso de aceptar la voluntad de Dios en mi vida.

Tengo muchos y buenos recuerdos de las casas de formación, donde más me enamoraba de la congregación, de la vida de los fundadores, donde ratificaba mi sí al Señor. Llevo la mitad de mi vida en la congregación, ella me ha formado como mujer y como religiosa. Gracias a Dios por el paso de las comunidades en Barquisimeto, Niño Jesús, Ocumare, Quito y San Felipe; gracias hermanas por su cariño, su vida hecha testimonio para mi, gracias también a tanta gente sencilla que nos enseña a ser fieles y perseverantes en nuestra vocación. Me sostiene la fe, la oración y la Palabra, que como discípula escucho la voz de Dios y me dispone con amor a la misión, me apasiona enseñar, recreo con mis alumnos, con los niños del pre-juvenil, los jóvenes de confirmación y las laicas en FLAG eso de “Formar verdaderos discípulos de Jesucristo”; y por supuesto la vida de comunidad que nos hermana en la fraternidad. Así que, joven anímate, no tengas miedo, entrégale tu corazón a Dios allí en medio de nuestra gente, apuesta por una vida que sí vale la pena, sé testimonio del amor de Dios como ángel visible, lánzate… Yubisay Atencio



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