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MI VOCACIÓN – UN DON DE DIOS

Miércoles 10 de junio de 2015

MI VOCACIÓN – UN DON DE DIOS Soy Marfa Guadalupe Rodríguez, de nacionalidad Salvadoreña. Actualmente vivo en la comunidad de Ixtepec Oaxaca México, colaborando en el Albergue de migrantes Hermanos en el camino. Hoy después de diecisiete años en el caminar Congregacional y en el formar parte de las hermanas del Ángel de la Guarda, me siento apropiada de la frase de nuestros fundadores: “La Confianza en la Providencia” y sintiendo la certeza que cuando Dios quiere algo el va abriendo caminos y medios para encontrar ese querer.

A los 10 años inicié a sentir el deseo de querer seguir a Jesús; como los discípulos que se encuentran con Jesús a la orilla del lago y les invita a que le sigan y ellos dejándolo todo le siguieron. Durante de varios años esa palabra hacía eco en mí, pero no era capaz de comprender la llamada que Jesús me estaba haciendo.

En mi comunidad había un grupo juvenil al que empecé a asistir sin mayor interés, sin embargo, me fue motivando el coro que formaba parte del mismo grupo. Por parte de mi familia no tenia apoyo, ya que la mayoría eran de otra religión. El formar parte del grupo me permitió salir de la comunidad para convivir con otros grupos que llevaban religiosas Franciscanas. Por otra parte, su carisma no me atraía.

A finales de 1996 por situaciones familiares tuve que emigrar hacia Estados Unidos. En el sur central en los Ángeles California, me incorpore a una parroquia donde ahí conocí a una hermana del Ángel de la Guarda que acompañaba al grupo juvenil. Una compañera Reina, coordinadora del grupo, estaba en acompañamiento con ellas, en si todos saliendo de misa la acompañábamos a su entrevista, recuerdo la primera vez que fui, me encontré con un grupo de mujeres diferentes a otras religiosas que había conocido antes, me gusto la manera de estar entre la gente, su sencillez, naturalidad, cercanía, alegría…

Meses después, Reina me invito a un retiro vocacional que iban a tener en la montaña; en ese encuentro pude dar nombre a la inquietud que me habitaba y me propusieron acompañamiento y acepté. En medio de los miedos, inseguridades, responsabilidades económicas familiares y otras renuncias… dije SI para iniciar la primera etapa de formación.

Descubro que desde un primer momento Dios ha estado presente en el caminar de mi familia y que Él me ha llevado de su mano. Es por eso que la Confianza y el abandono en la Providencia para mi tiene una gran significado.

Agradezco a Dios por las hermanas (Carmen Marabini, María Luisa García, Carmela Gibaja, Hortensia y otras más…)que han sido parte de este proceso de seguimiento a Jesús y por ayudarme a enriquecerme del carisma y la misión de la Congregación, todo ello, me lleva a fortalecer mi sentido de pertenencia e identidad como hermana del Ángel de la Guarda.

Hoy por hoy soy una mujer feliz de ser Hna. del Ángel de la Guarda y si volviera a nacer volvería a elegir ser Hna. del Ángel de la Guarda.

Jóvenes, no debemos de tener miedo a escuchar nuestro corazón, a dar nombre a lo que vamos sintiendo y descubriendo, para tomar decisiones claves en nuestra vida. Dios no se equivoca, ni te deja sola. Al final de todo “Cuando se quiere lo que Dios quiere y se quiere con ahínco las montañas se bajan y se colman los abismos” P. Luis. A. Ormières



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