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ME CAMBIASTE LA RUTA Y ME DEJE SEDUCIR POR TI, SEÑOR

Domingo 28 de junio de 2015

ME CAMBIASTE LA RUTA Y ME DEJE SEDUCIR POR TI, SEÑOR. Como toda joven, me encontraba, con muchos planes, sueños y expectativas en la vida. Cuando de manera inesperada para mí, para el Señor, buscando el momento más propicio. Se dio el encuentro que cambió la ruta de mi Vida. Soy Liliana Elizabeth Acurio Montenegro, la primera hija de cinco hermanos. Crecí y me formé en un ambiente familiar sencillo, con una experiencia de Fe profunda y con la figura materna como centro de la familia, ante la ausencia de mi papá. Soy ecuatoriana, de la región central de mi país, de una ciudad pequeña pero llena de tradiciones y un pueblo profundamente religioso. Crecí con muchas expectativas sobre mí, sobre todo de parte de mi Mamá. Que esperaba un apoyo en todo sentido al ser la primera Hija. Construyendo un futuro profesional que brinde estabilidad y realización personal, colocando todos los esfuerzos para alcanzar las metas de manera rápida cargada de constancia, esfuerzo y responsabilidad.

En todo este camino, en mí, siempre estaba presente una llamita que me alimentaba, era esa sensibilidad a los más débiles, a ser parte de un proceso que cambie situaciones de injusticia, de deshumanización. Las experiencias con otros jóvenes, los sueños de cambiar el mundo desde el grupo juvenil, la alegría de compartir con los niños y jóvenes en la catequesis, la ilusión de conocer a unas Hermanas descomplicadas, alegres, con una vitalidad, que se llevaban la vida por delante. Fueron los medios para poner en la balanza mi vida y descubrir que quiere hacer Dios con ella. Aunque trataba de opacarla con otros sueños y realidades, ella buscaba por sobre todo seguir ardiendo e iluminando y cuando más cerca estaba la meta importante por alcanzar (concluir mi carrera profesional), más intensa fue la llamada, el ardor, la fuerza, la valentía de dejar todo y lanzarme a conocer a Quien estaba cautivando todo mi ser y que era imposible detenerla.

La decisión de compartir ese sí, que ya al Señor le había entregado, era el gran paso o reto siguiente. Es el mismo Dios quien me mostró el camino y me dio la valentía para continuar. Compartir con mi mamá esta decisión, fue a la vez el mayor susto y la mayor alegría, que me dio en ese momento el Señor. Ella, como María, me escuchó, y en pocas palabras aprobó mi decisión, lo demás, lo llevó en su corazón. Inicié la aventura de seguir a Jesús. De descubrirle a El como el centro y motor de mi vida en la Congregación de Hermanas del Ángel de la Guarda. De esta manera mi experiencia de Familia se amplió. Pasando de una familia directa, personal a la gran familia Congregacional. Es esta Familia quien me ha abierto el horizonte para ser una persona realizada en la vida. Para sentirme Mujer Consagrada, alegre, sensible, luchadora por las injusticias, apasionada por el Reino de Dios, optando siempre por los más vulnerables. Viviendo el dolor, la impotencia ante el sufrimiento de los más débiles. El Señor, como a Samuel, a María y muchos hombres y mujeres, les llamó y ellos respondieron “Aquí estoy Señor”. Yo también le respondí, con susto y con ilusión, “Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad”. Ante la petición de ser parte de esos obreros que deben cosechar la mies que es mucha y que hace falta más colaboradores, respondí, cuenta conmigo. Y qué alegría hoy ver el camino recorrido como Hermana del Ángel de la Guarda. Buscar vivir con profundidad la Espiritualidad del Ángel que acompaña, anima, protege, trae buenas noticias, alaba, denuncia las injusticias, guía, celebra, en fin, el reto de seguir siendo Ángel Visible en la misión encomendada, para “Formar verdaderos Discípulos/as de Cristo. Por eso a viva voz grito, VALE LA PENA SER ANGEL VISIBLE, SER HERMANA DEL ANGEL DE LA GUARDA. Y como Jeremías, quiero concluir con estas palabras que son parte de mi Oración: Me has seducido Señor y quiero seguir dejándome seducir por Ti-Liliana



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