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Dios mío, tú me sondeas y me conoces. Tú sabes todo acerca de mí.

Viernes 19 de junio de 2015

Dios mío, tú me sondeas y me conoces. Tú sabes todo acerca de mí. Tú fuiste quien me formó en el vientre de mi madre (salmo 138) Tú me viste crecer dentro de una familia unida. En ella aprendí a amarte amando a los demás. En ella aprendí a estar atenta a las necesidades del más pobre, del abandonado.

Tú fuiste quien me llamó para enviarme a amar. Me enviaste lejos, muy lejos, nada menos que a un pueblecito: Segué dentro de este país que se llama Mali. De esto hace 45 años. Aquí descubrí y sigo descubriendo que en la amistad, en el darse, en el servicio está la felicidad. He experimentado la sencillez en el convivir en medio de las comunidades cristianas de estos pueblos. Me he dado cuenta que para ser feliz se necesitan tan pocas cosas… Seguir a Jesús es un DON. Ser discípula de Jesús aquí y ahora, concretamente en Bandiagara, donde me encuentro por el momento, es también un Don.

Vivir el “discipulado” creciendo en la capacidad y posibilidad de proclamar con mi vida, el Evangelio en medio de este pueblo, mi pueblo. Quiero que la Sencillez que nos caracteriza como Hnas. del Ángel de la Guarda, sea mi estilo de vida. Valoro mi vida como un regalo de Dios. Valoro la Fe como un regalo que Dios me ofrece y que me estimula a seguirle, con la seguridad de que no dejará caer de sus manos a esta criatura que El ha modelado. Es imprescindible dejarse conducir por el Espíritu. La Misión perderá su fecundidad e incluso se apagará en el momento que se interrumpa la conexión con EL, que es la Fuente. Sin la relación constante con Dios, la Misión se convierte en función. Ser discípulo y misionero de Jesús son las dos caras de la misma moneda. Por eso, nadie puede ser discípulo sin ser misionero y nadie puede ser misionero sin ser discípulo. Hna. Juana Izcue



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