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Con el corazón agradecido, alabamos a Dios por el regalo de la vida y el encuentro fraterno

Martes 24 de mayo de 2016

Compartiendo la vida como Comunidad de Hechos “Se mantenían constantes en la enseñanza de los Apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2, 42).

Estos pilares vividos a plenitud en las primeras comunidades cristianas, han recreado la vivencia de la fraternidad en un encuentro de fin de semana del 1 al 3 de abril entre las Hermanas de la comunidad de Playa Grande, las junioras y la Hna. Ileane Tolosa, facilitadora de la reflexión. Ha sido una experiencia que ha nutrido nuestra esperanza y nos ha ampliado la mirada; una oportunidad para acentuar el valor en la experiencia y el encuentro, más que en la edad, en la vivencia de la fe y fraternidad con sencillez.

Haciendo memoria de nuestra llamada fundante, recreamos nuestra vocación y nos regalamos simbólicamente el tesoro del sentido que para cada una tiene la propia vocación. ¡Qué tesoro escuchar a nuestras Hermanas mayores comunicarnos su experiencia vocacional como si fuera la primera vez que la expresaban! ¡Qué gozo ver ese entusiasmo, profundidad y alegría sencilla en nuestras hermanas en las reflexiones! En la reflexión nos dejamos acompañar por tres personajes iconos de seguimiento a Jesús crucificado y resucitado: Simón Pedro, Juan y Tomás.

Con el apasionado Pedro nos sentimos identificadas, por su humanidad: nos encontramos con varios binomios en su camino de discipulado: debilidad-fortaleza; temor-intrepidez; aflojo-confianza; apostasía ante la dificultad- confesión de fe y amor profundo... redescubrimos que, en lo que deseamos realmente coincidir es en su exceso, su exageración, característica indiscutible de Pedro también al comprometerse, pues al amar no tenemos que establecer medidas, porque el amor que el Señor nos ofrece es sin medidas, con exceso. Así, en medio de nuestra humanidad que es gracia, estamos dispuestas a seguir caminando con el Maestro.

En la persona de Juan, nos encontramos con la fidelidad y la fe confiada en el seguimiento, nos sentimos exhortadas a ser como Juan testigos de la misericordia de Dios y a reconocer en la cotidianidad al Resucitado. Finalmente nos encontramos con Tomás, aquel que en su camino de seguimiento necesitaba pruebas del Señor porque su incredulidad y su contrariedad ante el acontecimiento de la cruz le podían. Pero ese no fue un límite para Jesús, desde el principio lo llamó y quiso que le siguiera con todo y las fragilidades de Tomás. Así en nuestro andar, no solo como Hermanas del Ángel de la Guarda, sino en nuestro andar como mujeres cristianas, algunas veces nos descubrimos incrédulas, contrariadas ante los signos de crucifixión. Sin embargo nos reconocemos en camino, llamadas a alimentar nuestra fe, confianza y esperanza en medio de la realidad que vivimos como comunidad, como Congregación y como sociedad. Nos encomendamos a nuestros Fundadores, ellos que siempre van animando nuestro caminar y son testimonio de confianza plena en la Divina Providencia, testigos de la misericordia de Dios. Con el corazón agradecido, alabamos a Dios por el regalo de la vida y el encuentro fraterno. Que Jesús Resucitado continúe inspirando nuestro horizonte y vocación.

Glaudis Blanco y Anggelis Suarez



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